Reforma fiscal: lo que nos jugamos

En Público.es

El PP nos propone un retroceso en libertades fundamentales que la ciudadanía rechaza ampliamente, como la reforma Gallardón para limitar el derecho de las mujeres a interrumpir libremente su embarazo, la Ley Mordaza, la reforma educativa de Wert, etc. Por otro lado, sus políticas económicas han dado resultados catastróficos hasta ahora. ¿Cuál es, entonces, el secreto de su relativo mantenimiento en intención de voto? Continue reading Reforma fiscal: lo que nos jugamos

¿Qué reforma fiscal?

(Publicado este mes en Alternativas Económicas)

Los impuestos tienen dos funciones fundamentales: la recaudatoria y la redistributiva (reducción de la desigualdad social mediante la progresividad, es decir la mayor imposición a las rentas altas). Además, no deben provocar agravios comparativos ni fomentar actividades perniciosas para las personas o para el sistema económico. Estos aspectos están estrechamente relacionados. Por ejemplo, para que un impuesto tenga suficiente capacidad recaudatoria debe ser generalizado, y para ello la población debe percibir que es progresivo y que se utiliza para mantener buenas prestaciones sociales y servicios públicos. Por ello, el sistema debe ser analizado en su conjunto.

Conviene recordar estos principios básicos porque hoy están amenazados. A lo largo del siglo XX se fue perfilando un consenso social que permitió a algunos países, como España, implantar sistemas de impuestos y prestaciones modernos a pesar de las resistencias por parte de una  minoría muy poderosa. Continue reading ¿Qué reforma fiscal?

Capítulo 3 de “Desiguales por Ley” prepublicado en Tiempos Canallas

On 25 nov, 2013 de género

 desiguales por ley

La editorial dice del libro: “En lo que conocemos como “mundo desarrollado”, la mayoría de la población se muestra en las encuestas a favor de la igualdad, las leyes ya no distinguen los derechos atendiendo al sexo de las personas y en muchos países existen “políticas de igualdad”. Entonces, ¿cómo es posible que persistan las desigualdades entre hombres y mujeres? María Pazos Morán explica en este libro que las políticas públicas vigentes proporcionan incentivos económicos para que se mantenga la familia tradicional, no permiten que ambos sexos puedan repartirse igualitariamente el cuidado de sus criaturas y personas dependientes e impiden a muchas mujeres mantenerse en el empleo de calidad durante toda la vida. En definitiva, a pesar de la retórica oficial, no se ofrecen condiciones materiales para la igualdad.

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Y aquí el Capítulo 3 completo. Es de los más técnicos, pero era necesario explicarlo.

 

La economía sumergida: un enemigo demasiado común

Revista Trasversales número 30 octubre 2013-enero 2014

Otros textos de la autora

María Pazos Morán es autora del libro Desiguales por Ley. Las políticas públicas contra la igualdad de género


 Durante los días 3, 4 y 5 de Octubre hemos celebrado el IV Congreso de Economía Feminista en Carmona (Sevilla), acogido en esta ocasión por la Universidad Pablo de Olavide. Ha sido destacable la mezcla entre académicas y activistas, entre jóvenes y mayores, entre distintas procedencias geográficas y de todo tipo.

Lo primero que se evidenció en el Congreso fue el gran interés que se ha despertado en el feminismo actual por la economía. Ya no se trata solamente de denunciar la situación desigual de hombres y mujeres en todos los ámbitos materiales, que eso sí se venía haciendo durante las últimas décadas, sino dresponder a la pregunta crucial: ¿Qué podemos hacer ante esta situación? Este es el punto de inflexión, lo que Celia Amorós llama el paso del ‘memorial de agravios’ a la construcción de las reivindicaciones feministas.

Algunas mujeres, ante las escandalosas y persistentes injusticias, se ven atraídas hacia una reacción comprensible: “no queremos esta economía”. Es lógica esta reacción, y lo primero que procede es comprenderla. El muro es tan grande que parece imposible de derribar.

Leer artículo completo en la Revista Transversales

 

La igualdad y la corresponsabilidad pasan por la jornada laboral máxima de 35 horas semanales

Recientemente, Felipe González declaraba en la Cadena Ser que este es el siglo de las mujeres, el mayor yacimiento de talento aún desaprovechado. Añadía que la productividad aumentaría con jornadas más cortas. Lo explicó con un ejemplo: “Si yo fuera un empresario que pudiera producir durante veinticuatro horas, me vería enfrentado a decidir entre dos turnos de 12 horas, tres turnos de 8 horas o cuatro turnos de 6 horas. Pues bien, lo más productivo, y lo que yo elegiría, serían 4 turnos de 6 horas”.

Parece muy racional el planteamiento, y especialmente importante para las mujeres, para la igualdad y para la corresponsabilidad. De hecho, aún más racional es lo que ya explicaba  Alva Myrdal hace casi un siglo: supongamos una pareja en la que uno de los miembros (en general el hombre) tiene una jornada laboral de 45 horas a la semana y el otro (en general la mujer) no tiene empleo. Si esa mujer se incorpora al empleo y la jornada legal máxima se reduce a 35 horas semanales, esta pareja aportará 70 horas semanales en lugar de 45.

Las ventajas de una reducción de la jornada máxima legal a 35 horas semanales (y de la eliminación de los incentivos a la contratación a tiempo parcial) son múltiples.

Leer el artículo completo en el diario.es

María Pazos Morán  en eldiario.es