Erradicar la violencia machista: ¡sí se puede!

#7N, apunten, difundan, acudan. Ese día tendrá lugar la marcha estatal contra las violencias machistas. Las feministas pretendemos que la ciudadanía proveniente de todo el Estado llene las calles de Madrid. Esta gran manifestación se unirá a otras multitudinarias que se están realizando en el mundo. Un clamor de justicia, una condición necesaria para pasar a la acción. Pero la pregunta es: ¿qué acción? ¿Qué pasará el día después del #7N aparte de celebrar el éxito de la manifestación, como hicimos en Argentina  o en India recientemente?

España es un país privilegiado para reflexionar sobre este tema. Después de 10 años de una Ley de Violencia de Género reconocida como pionera, ¿qué queda por hacer? Naturalmente esa ley tiene mucho margen de mejora y ampliación, y ya sería importante que con esta movilización consiguiéramos una evaluación seria y una reforma radical de la ley actual.

Pero sabemos que ni con esas mejoras sería suficiente.

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La oportunidad perdida de la Presidenta Susana Díaz

Hace una semana, la Presidencia de Andalucía concedió su primera entrevista televisiva después de ser madre. Lo primero que le preguntaron, como si no se lo hubieran preguntado ya millones de veces, fue si no habría puesto en peligro el logro de todas las mujeres por tomarse solamente 6 semanas en lugar de las 16 de permiso de maternidad. ¿No debería haber dado ejemplo a todas las mujeres quedándose en casa más de las 6 semanas que teóricamente se ha quedado? Teóricamente porque, resaltó el periodista, se comenta que trabajaba durante el permiso. En definitiva, ¡qué mala madre, qué insolidaria, qué mal ejemplo!

Susana Díaz respondió entrando al trapo de todas estas acusaciones, justificándose y asegurando que ella era tan buena madre como la que más, tan defensora del permiso de maternidad como la que más y… si trabajó durante el permiso fue a base de levantarse muy temprano. O sea, tan defensora de la doble jornada como la que más.

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El cuidado según los empresarios

La organización patronal madrileña (CEIM) acaba de presentar un plan con el que afirma que se crearían 400 empleos en la Comunidad de Madrid. Curiosamente (es un decir), las 200 medidas que contiene van todas en el mismo sentido: rebajar costes laborales y del despido; “revisar el estado del bienestar… apostando por las fórmulas de colaboración público-privada”; eliminar algunos impuestos y reducir drásticamente otros… para conseguir lo que denominan “una política fiscal no penalizadora de la actividad empresarial”. Un documento que podría estudiarse como ejemplo de neoliberalismo sin fisuras.

Resulta singular la importancia que se le concede en este plan a las necesidades de cuidado.

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Contra la discriminación por maternidad: ¡paternidad!

Cuando aquél ángel le dijo a Eva “parirás con dolor”, se olvidó de decir: “y te quedarás sin empleo”. Es más, si hubiera comprendido el fenómeno llamado “discriminación estadística”, hubiera añadido: “pensarás que puedes zafarte de esta maldición si no eres madre, pero te equivocas: las empresas te rechazarán o te pondrán  en puestos precarios solo porque puedes serlo”.

Hace ya meses que pasó el día instituido por la Comisión Europea para concienciarnos sobre la discriminación salarial femenina y para aconsejarnos en un emblemático vídeo: “cerrad la brecha salarial de género”, como si estuviera en nuestras manos cerrarla. La brecha sigue ahí, así que será mejor no esperar un año más para seguir intentando comprender sus causas y buscando soluciones que, adelantémoslo, existen.

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El embarazo de Susana Diaz como oportunidad

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La Presidenta de Andalucía está embarazada y todos los medios de comunicación se lanzan a las especulaciones: ¿influirá este acontecimiento en el calendario electoral? ¿Qué repercusión tendrá sobre sus tareas de gobierno?

Por otro lado, los mismos medios preguntan a diestro y siniestro: ¿cree usted que  la presidenta debería tomarse sus 16 semanas de maternidad para dar ejemplo, al contrario de lo que hicieron Soraya Sáenz de Santamaría y Carme Chacón? Así, mal si Díaz se coge el permiso, y mal también si opta por no hacerlo.

He aquí una oportunidad para reflexionar sobre tamaño disparate. ¿No es curiosa esa permanente exigencia a las mujeres de que hagan algo y a la vez lo contrario? O aún peor: como nadie puede tocar las campanas y estar en la procesión, la pregunta siguiente es qué hace Susana Díaz en ese alto cargo si ello implica necesariamente tener que elegir entre ser una mala presidenta o una mala madre. A Segolene Royal se lo preguntaron explícitamente cuando se presentó a las elecciones presidenciales francesas: “¿Quién va a cuidar de sus hijos?”. Y ella se vio obligada a justificarse: “Ya son mayores”.

Por otro lado, es curiosa la pertinaz sorpresa ante algo que ya se ha producido tantas veces. ¿No ha sido ya demasiada noticia la descendencia de las políticas? En cambio, nadie repara en que un político vaya a tener una criatura. Con algunas excepciones, bien es verdad, pero en esos casos la noticia es que se tomen dos semanas de permiso, como hizo Jordi Sevilla cuando era ministro, o una semana a tiempo parcial, como Tony Blair cuando era presidente. Una o dos semanas en lugar de nada, porque en general pareciera que los hijos/as de los hombres políticos se cuidaran solos.

El caso de las mujeres y los hombres políticos es excepcional, pero tiene un efecto simbólico importante. Simbólico es que hoy en España, cuando nace una criatura, el padre solamente tenga dos semanas de permiso, o sea la octava parte que la madre. Por el contrario, imaginemos que el permiso de paternidad se equiparara al de maternidad, como propone la PPIINA, de tal forma que los padres tuvieran sus 16 semanas intransferibles y pagadas al 100% para poder ejercer su derecho en igualdad con las madres: ¿se le harían entonces las mismas preguntas a las políticas? Estoy segura de que los medios buscarían a los políticos para ver si daban ejemplo a los hombres, y así todos ejercieran el derecho y el deber de cuidar a sus hijos que la ley les habría concedido. O, si reconocieran que el puesto de ministro o presidente es excepcional, la misma excepcionalidad se aplicaría a las ministras y presidentas.

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