Datos covid: ¿con qué razón se nos amedrenta?

[Nota previa: este artículo ha sido rechazado por publico, elsalto, eldiario, infolibre y Ctxt. Teniendo en cuenta que no me habían rechazado anrtes ningún artículo en ninguno de estos medios, ha sido una experiencia de lo más ilustrativa. Cada cuál que piense. Gracias a Loquesomos por acogerlo]

Ante un fenómeno que ha trastocado nuestras vidas, la ciudadanía se merece una información rigurosa y lo más actualizada posible, tanto por parte de los gobiernos directamente como de los medios de comunicación públicos. Pues bien, eso no es lo que estamos viendo. Las afirmaciones recurrentes de que el virus es muy peligroso o de que estamos a las puertas de una nueva ola mantienen el pánico y, como consecuencia, el apoyo a las medidas que suspenden derechos fundamentales. «Está muriendo mucha gente», se repite.

Las cifras penetran cada día en los hogares y en los cerebros como mazazos incuestionables. ¿Pero cuál es el rigor de los datos ofrecidos? En este artículo me concentraré en los dos indicadores fundamentales con los que se nos aterroriza cada día desde la televisión pública: el número de muertes diarias y la incidencia acumulada de nuevos contagios.

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Contra la doctrina del shock patriarcal

La historia demuestra que solo la movilización feminista puede mantener las conquistas de las mujeres, siempre amenazadas. Y también se cumple en este ámbito la doctrina del shock: las situaciones de emergencia, con la población atomizada y los medios de comunicación des-enfocados, son proclives a la imposición de medidas en contra de la mayoría y a retrocesos en derechos. Este, por sí solo, es un factor de preocupación por el avance del feminismo en este momento.

El confinamiento ha tenido consecuencias terribles para las mujeres. En el empleo, ya ocupaban los puestos de trabajo y los tipos de contrato más precarios en todos los sectores. Además, el sector servicios (femenino) se ha visto más afectado que sectores masculinos como construcción, industria o transporte de mercancías. La economía sumergida (mayormente femenina) está fuera de cualquier medida paliativa. Muchas de las mujeres que fueron animadas por las instituciones a convertirse en autónomas «emprendedoras» están en la ruina.

La división sexual del trabajo no se ha atenuado sino todo lo contrario, lo que era esperable, como también lo era que muchos hombres se hayan lanzado a hacer la compra justamente cuando esa era la única manera de salir de casa (anecdótico, sí, pero significativo).

Todas las señales indican también que han aumentado sustancialmente los abusos sexuales y las demás formas de violencia machista contra mujeres y  niñas. En España, las llamadas al 016 en abril aumentaron en un 60% respecto al mismo mes del año anterior, y podemos imaginarnos que muchas ni siquiera habrán podido llamar.

El teletrabajo con flexibilidad de auto-organización será útil para algunas personas, pero no olvidemos que eso solo es posible en determinados sectores y profesiones. Y no olvidemos tampoco que aumenta la carga y el estrés de las mujeres. Por ello, creo que defender el teletrabajo como medida de conciliación impide abordar el problema general y establecer sistemas efectivos para la mayoría.

Pero vayamos a las medidas económicas y sociales adoptadas desde el gobierno. Por cierto, esas medidas no han venido acompañadas de una consideración de su impacto de género, infringiendo la propia ley de Igualdad. ¿Cuestión de urgencia? Pues hágase ahora sin perder ni un minuto más. A continuación van algunos elementos para esa evaluación, porque aún podemos cambiar de rumbo.

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Todo para el pueblo

Muy interesante el artículo en publico.es de mi amiga Nancy Rebel:

Todo por el coronavirus. Hasta hace un par de semanas aún se decía que las medidas tomadas por China no podrían reproducirse en países europeos dotados de sistemas democráticos. Pero repentinamente se desplazó la ventana de Overton y ahora la población aplaude casi unánimemente el confinamiento estricto decretado. No solamente se considera irresponsable e insolidario intentar desviarse un milímetro del mandato, sino incluso el mero hecho de mostrar dudas sobre su pertinencia. Esperemos que se respete la libertad de opinión, aunque ya el propio ruido se encargará de acallar cualquier voz discordante, como esta que avanzo.

No se han ofrecido cifras concretas que contradigan la comparación del COVID-19 con una epidemia de gripe, como hizo inicialmente la OMS y siguen haciendo especialistas como Wolfgang Wodarg, ahora denostado y «rectificado» sin ofrecer cifras alternativas a las suyas.

Como explica Juan Gervás en este artículo, «las medidas para la contención de la pandemia se suelen basar en modelos matemáticos, deslumbrantes y simples, pero carentes de la menor fineza«. Los confinamientos se han justificado aludiendo a protocolos y directrices, razones vagas y no explicadas con cifras sino basadas en la repetición de afirmaciones como «es un virus nuevo», «no hay vacuna», «se contagia exponencialmente» y «hay que aplanar la curva».

Cabe recordar que este no es el primer virus nuevo, ni siquiera el primer coronavirus. Pero la sociedad ha cambiado desde que, en 2009, se intentó ir por este camino con la Gripe A, como denunciaron Teresa Forcades o Iñaki Gabilondo (por cierto, citando como autoridad a Wolfgang Wodarg, el epidemiólogo ahora denostado). Es curioso que sus testimonios no hayan sido recordados en esta crisis por ningún medio de comunicación mainstream. Ahora la autoridad moral de la OMS es ya incontestable. Ha triunfado la idea de que la salud se nos asegura, única e infaliblemente, a base de medicamentos y vacunas cuyos efectos secundarios se minimizan. ¿Estas medidas ahora experimentadas se convertirán en usuales ante próximas y más que probables situaciones similares, que ya se anuncian?

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Soy feminista y exijo la liberación de Julian Assange

Las feministas hemos caído en una trampa de la que es preciso salir. El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, se está pudriendo en una cárcel de alta seguridad británica desde abril de 2019, pero su destino puede empeorar sustancialmente. Estos días está celebrándose el juicio para su extradición a EEUU, donde se enfrentaría a 175 años de prisión por «revelación de secretos». Según los informes médicos, su salud está muy deteriorada y su vida corre peligro si no recibe asistencia ahora, mucho más con el trato que le esperaría en EEUU.

El «delito» de Assange ha sido informarnos de los desmanes del gobierno americano. Esta es, hasta ahora, una práctica periodística protegida por el derecho internacional. Por esa razón, el caso Assange es el de la libertad de prensa. Después de 10 años de manipulación y posterior silencio por parte de los principales medios de comunicación, el relator especial de la ONU para casos de tortura, dictamina: «Julian Assange destapó la tortura, él mismo ha sido torturado y podría ser torturado hasta morir en Estados Unidos«.

En esta entrevista le preguntan al relator de la ONU por qué no asumió antes este caso. Él contesta explicando cómo, en el momento en el que Assange estaba en la cima de la popularidad por haber destapado tantos casos de corrupción, se emprendió una estrategia de desprestigio que consiguió desviar el foco hacia su persona. Y declara: «Yo también perdí mi enfoque, a pesar de mi experiencia profesional, que debería haberme hecho estar más alerta«. A muchas feministas también nos hicieron perder el enfoque, y creo que este es el lado más perverso del caso.

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Cuerpos de mujeres y derechos humanos: ¿qué debate?

Solo Ciudadanos aboga abiertamente por el derecho a alquilar el útero de una mujer para uso reproductivo, pero en todos los partidos políticos encontramos líderes que nos obsequian con la expresión «hay que abrir el debate». Así lo ha declarado el reciente Congreso del PP, y muchos medios de comunicación se han lanzado a la tarea a bombo y platillo.

En este debate, la referencia principal parece ser el deseo, convertido en un supuesto derecho, de alquilar cuerpos de mujeres  como vasijas para gestar óvulos y/o espermatozoides; y la ausencia principal es el deseo y los derechos de las mujeres objeto de esa operación. La pretensión de los arrendatarios es que se reconozca validez legal a los contratos privados por los que las madres se comprometen a entregar a sus futuros bebés; que se permita la reproducción asistida consecuente; y que los arrendatarios se consideren los padres de los bebés a todos los efectos desde el mismo momento de la firma, incluyendo la futura inscripción a su nombre en el registro civil, e independientemente de la voluntad posterior de la madre. Son muchas cuestiones, relacionadas pero diferentes.

Junto a la afirmación « ¡son nuestros hijos!«, nombre que hábilmente han elegido como nombre de su asociación, aparecen idílicas imágenes de niños. Esconden así el problema de cómo los han adquirido. Si comprar niños no es legítimo, ni por tanto legal. ¿Por qué debería serlo comprarlos en un mercado de futuros?

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El desideratum del ministro Alonso

El ministro Alonso, que nominalmente tiene la competencia de promover la igualdad entre hombres y mujeres, ha declarado que la equiparación del permiso de paternidad al de maternidad es “un desiderátum”, que según el Diccionario de María Moliner significa “lo mejor que se puede desear”.

Si el ministro hubiera hablado con propiedad tendríamos que alegrarnos de su buen entender. En efecto, cada vez es más evidente la tensión entre el avance de las mentalidades y la permanencia de normativas obsoletas que reflejan y tratan de mantener un statu quo sobrepasado por la realidad. Ya la gran mayoría de las personas comprenden que, si hombres y mujeres deben tener las mismas oportunidades para el empleo y para el cuidado, la Seguridad Social y el Estatuto de los Trabajadores deben concederles los mismos derechos.

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Desigualdad económica entre mujeres y hombres: ¿qué nos propondrán los partidos?

Según los últimos datos de la AEAT, en 2013 el monto total de los salarios percibidos por los hombres fue un 54% mayor que el de los salarios percibidos por las mujeres; el de las pensiones un 48% mayor; y el de las prestaciones por desempleo un 42% mayor.

Aunque ya casi todos los partidos y gobiernos reconocen que la situación es intolerable, por mucho tiempo se alegaba que esa desigualdad se iría disipando conforme las mujeres se siguieran incorporando al empleo y aumentando su nivel de formación. Hoy está ampliamente demostrada la falsedad de esta hipótesis: las mujeres son ya el 46% de la población activa y, desde hace tiempo, tienen mayor nivel de formación que los hombres. Sin embargo, la brecha salarial no disminuye y la diferencia entre las pensiones es cada día mayor.

¿Qué hacer?

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¿Por qué PODEMOS?

Por fin hemos llegado a una campaña electoral donde los programas están en primer plano. Y dentro de los programas, la desigualdad social incluyendo la de género. En esta campaña, por primera vez, se habla profusamente de violencia de género, del déficit de representación política femenina, de la desigualdad salarial y de la falta de corresponsabilidad en los cuidados.

Tenemos mucho que agradecer al movimiento feminista, y dentro de él a las líderes y teóricas que han sabido plasmar las reivindicaciones, organizar las movilizaciones adecuadas en el momento adecuado, establecer alianzas y hacer la pedagogía necesaria, tanto dentro como fuera de los partidos, sindicatos y movimientos sociales.

Cómo no, tenemos mucho que agradecer al PSOE, y en particular al Presidente Zapatero, que se declaró feminista y  configuró el primer gobierno paritario. Gestos como empezar la legislatura de 2004 con la aprobación de la Ley de Violencia de Género, o reformas como la de la Ley Electoral para establecer la representación equilibrada en las listas electorales, visibilizaron la desigualdad de género como nunca hasta entonces.

Pero el PSOE se negó a cruzar el umbral de las reformas económicas necesarias para profundizar nuestro estado de bienestar y para derribar los obstáculos con los que se encuentran las mujeres cada día; y aún hoy sigue sin cruzarlo a pesar de las apariencias.

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El cuidado según los empresarios

La organización patronal madrileña (CEIM) acaba de presentar un plan con el que afirma que se crearían 400 empleos en la Comunidad de Madrid. Curiosamente (es un decir), las 200 medidas que contiene van todas en el mismo sentido: rebajar costes laborales y del despido; “revisar el estado del bienestar… apostando por las fórmulas de colaboración público-privada”; eliminar algunos impuestos y reducir drásticamente otros… para conseguir lo que denominan “una política fiscal no penalizadora de la actividad empresarial”. Un documento que podría estudiarse como ejemplo de neoliberalismo sin fisuras.

Resulta singular la importancia que se le concede en este plan a las necesidades de cuidado.

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Paremos la reforma fiscal de Rajoy

En Transversales Nº 32

Las elecciones europeas de 2014 nos han revelado una ciudadanía indignada. Son muchas las personas que ya no confían en que los partidos mal llamados “socialdemócratas” ofrezcan una alternativa diferente a las políticas neoliberales y patriarcales que estos partidos están aplicando o acatando en toda Europa junto a la derecha tradicional.

Para que la indignación se traduzca en esa alternativa que tanto necesitamos, es necesario profundizar en el debate político e ideológico, a la vez que frenar el actual desmantelamiento de nuestro ya precario sistema de protección social. En ese camino, la reforma fiscal que prepara el Gobierno será un hito importante. Un golpe decisivo si no la impedimos y, a la vez, una oportunidad de discutir cuáles son los principios de la política social que necesitamos, tanto para restablecer el pacto social que permitió la creación de nuestro embrionario sistema de bienestar como para seguir avanzando hacia una sociedad equitativa y sostenible.

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