Contra la doctrina del shock patriarcal

La historia demuestra que solo la movilización feminista puede mantener las conquistas de las mujeres, siempre amenazadas. Y también se cumple en este ámbito la doctrina del shock: las situaciones de emergencia, con la población atomizada y los medios de comunicación des-enfocados, son proclives a la imposición de medidas en contra de la mayoría y a retrocesos en derechos. Este, por sí solo, es un factor de preocupación por el avance del feminismo en este momento.

El confinamiento ha tenido consecuencias terribles para las mujeres. En el empleo, ya ocupaban los puestos de trabajo y los tipos de contrato más precarios en todos los sectores. Además, el sector servicios (femenino) se ha visto más afectado que sectores masculinos como construcción, industria o transporte de mercancías. La economía sumergida (mayormente femenina) está fuera de cualquier medida paliativa. Muchas de las mujeres que fueron animadas por las instituciones a convertirse en autónomas «emprendedoras» están en la ruina.

La división sexual del trabajo no se ha atenuado sino todo lo contrario, lo que era esperable, como también lo era que muchos hombres se hayan lanzado a hacer la compra justamente cuando esa era la única manera de salir de casa (anecdótico, sí, pero significativo).

Todas las señales indican también que han aumentado sustancialmente los abusos sexuales y las demás formas de violencia machista contra mujeres y  niñas. En España, las llamadas al 016 en abril aumentaron en un 60% respecto al mismo mes del año anterior, y podemos imaginarnos que muchas ni siquiera habrán podido llamar.

El teletrabajo con flexibilidad de auto-organización será útil para algunas personas, pero no olvidemos que eso solo es posible en determinados sectores y profesiones. Y no olvidemos tampoco que aumenta la carga y el estrés de las mujeres. Por ello, creo que defender el teletrabajo como medida de conciliación impide abordar el problema general y establecer sistemas efectivos para la mayoría.

Pero vayamos a las medidas económicas y sociales adoptadas desde el gobierno. Por cierto, esas medidas no han venido acompañadas de una consideración de su impacto de género, infringiendo la propia ley de Igualdad. ¿Cuestión de urgencia? Pues hágase ahora sin perder ni un minuto más. A continuación van algunos elementos para esa evaluación, porque aún podemos cambiar de rumbo.

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Consejos para evitar el confinamiento y el colapso

Cada mañana nos despertamos (si hemos dormido) a este arresto domiciliario de toda la población que casi nadie hubiera podido anticipar. Ahora se nos anuncia que nunca recuperaremos la libertad más que de forma provisional y parcial. Se nos augura un segundo gran encierro para dentro de unos meses y se nos dice que tendremos que acostumbrarnos a «una nueva normalidad».

Sigue pendiente el debate sobre si este confinamiento era una medida adecuada, y si era necesario hacerlo tan estricto como en España, o se podría haber optado por la orientación de países como Suecia, tal como se explica aquí. Tendremos que evaluar la relación del pánico generado con el abandono o encierro en condiciones dantescas de muchas personas mayores, esas a las que se trataba de proteger, y con el colapso de las urgencias en los hospitales.

Tendremos que evaluar también las consecuencias del confinamiento sobre los derechos humanos, la violencia de género, los suicidios, los brotes sicóticos y otras enfermedades. Y, por supuesto, sobre la multiplicación del número de personas que no tienen para comer, en nuestro país y en los demás. La pobreza mata, recordemos.

Pero la cuestión ahora es si podríamos prevenir que los confinamientos y el distanciamiento social sean la «nueva normalidad».

Nos enfrentamos a amenazas letales relacionadas entre sí: crisis climática; contaminación del aire, del suelo y de los alimentos; aumento exponencial de las enfermedades; crisis sanitarias, debacle de los servicios públicos; desigualdad social y la pobreza extrema; crisis migratorias y de derechos humanos… Podríamos visualizar un esquema con estos elementos y flechas que los unieran a todos con todos.

No pretendo dejar de hablar del coronavirus, al contrario, porque esta crisis es la cristalización de todas las demás; el callejón sin salida (metafórica y literalmente) al que hemos llegado; el mazazo en la cabeza que se nos ha dado a la humanidad y del que podríamos sacar conclusiones sensatas para abandonar nuestro actual rumbo insensato hacia el colapso.

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Todo para el pueblo

Muy interesante el artículo en publico.es de mi amiga Nancy Rebel:

Todo por el coronavirus. Hasta hace un par de semanas aún se decía que las medidas tomadas por China no podrían reproducirse en países europeos dotados de sistemas democráticos. Pero repentinamente se desplazó la ventana de Overton y ahora la población aplaude casi unánimemente el confinamiento estricto decretado. No solamente se considera irresponsable e insolidario intentar desviarse un milímetro del mandato, sino incluso el mero hecho de mostrar dudas sobre su pertinencia. Esperemos que se respete la libertad de opinión, aunque ya el propio ruido se encargará de acallar cualquier voz discordante, como esta que avanzo.

No se han ofrecido cifras concretas que contradigan la comparación del COVID-19 con una epidemia de gripe, como hizo inicialmente la OMS y siguen haciendo especialistas como Wolfgang Wodarg, ahora denostado y «rectificado» sin ofrecer cifras alternativas a las suyas.

Como explica Juan Gervás en este artículo, «las medidas para la contención de la pandemia se suelen basar en modelos matemáticos, deslumbrantes y simples, pero carentes de la menor fineza«. Los confinamientos se han justificado aludiendo a protocolos y directrices, razones vagas y no explicadas con cifras sino basadas en la repetición de afirmaciones como «es un virus nuevo», «no hay vacuna», «se contagia exponencialmente» y «hay que aplanar la curva».

Cabe recordar que este no es el primer virus nuevo, ni siquiera el primer coronavirus. Pero la sociedad ha cambiado desde que, en 2009, se intentó ir por este camino con la Gripe A, como denunciaron Teresa Forcades o Iñaki Gabilondo (por cierto, citando como autoridad a Wolfgang Wodarg, el epidemiólogo ahora denostado). Es curioso que sus testimonios no hayan sido recordados en esta crisis por ningún medio de comunicación mainstream. Ahora la autoridad moral de la OMS es ya incontestable. Ha triunfado la idea de que la salud se nos asegura, única e infaliblemente, a base de medicamentos y vacunas cuyos efectos secundarios se minimizan. ¿Estas medidas ahora experimentadas se convertirán en usuales ante próximas y más que probables situaciones similares, que ya se anuncian?

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Gripe A, urgente: escuchemos a esta monja!

Escuchar, en este caso, significa mirar y ver, escuchar y oir; y despues tomar nota y difundir:

Son 5 videos, cinco y sin desperdicio!

Ella lo dice muy claramente, así que todo lo que yo pueda añadir no son más que notas a pié de página. Este post es suyo. Teresa Forcades se explica muy clara y científicamente. Se nota que es una cualificadísima investigadora y, lo que es crucial, independiente.

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Distanciamiento social

Esto ya es el colmo! Sanidad aconseja distanciamiento social en las empresas para hacer frente a la nueva gripe

Carmen habla del Imperio de las Farmaceuticas en tiempos de crisis en este artículo que me parece estupendo.

A mí lo que me tiene obsesionada, aparte de todo el negocio, es que todo esto se haga a costa de la salud pública, de lo que son responsables las autoridades sanitarias. Como te protegen, … ¿quién va a sospechar de lo que te aconsejan las autoridades sanitarias? La gente piensa: ‘se pueden pasar de exceso de celo, pero hacen bien, por si acaso, que con la salud no hay que escatimar’. Así que gloria para las autoridades y gloria para las farmaceuticas. Pero fatal para la salud pública, porque la gente se intoxica inutilmente (y doblemente, jaja).

El ‘Timoflú’ no es un inocente placebo, como ya se está comprobando (ayer saltó la noticia de un estudio en el RU según el cual 53% de los niños sanos tratados con Tamiflú habían sufrido efectos secundarios ). Y la vacuna que nos van a aplicar masivamente (peor: ¡por la que ya nos estamos peleando!), se ha lanzado con la advertencia, por parte de las farmaceuticas, de que no ha dado tiempo para conocer sus efectos (¡y a nosotros que no nos registren!, les ha faltado añadir).

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¿Protección de las mujeres o vacunomanía?

 

En Andalucía van a vacunar a todas las niñas de 14 años contra el Virus del Papiloma Humano (HPV).

Es de suponer que esta decisión se habrá tomado después de considerar todos los pros y los contras. Sin embargo, se echa de menos una explicación por parte de la Junta. Habrá un informe donde se consideran, y se descartan, las razones en contra aducidas por muchas personas bien informadas (ver este interesante artículo). Seguro que ese informe existe, pero debería ser público.

Porque, vamos a ver, la misma Consejera dice: “la vacuna no es la solución a este tipo de cáncer, no sólo por la variedad de papilomavirus contra los que no protege, sino por todas las enfermedades de transmisión sexual que pueden evitarse haciendo uso del preservativo

Se estima que la vacuna protege contra el 70% de esos virus, y que protege solamente a las que no están ya infectadas. Dicen algunos artículos que, según el tipo de vacuna que sea, la protección dura entre 4 y 5 años, pero los experimentos solamente han seguido a las mujeres durante 35 meses, así que en realidad no se sabe. Por otro lado, el cancer de útero afecta mayoritariamente a mujeres de edades medias y avanzadas.

Entonces, por qué vacunar precisamente a las niñas de 14 años, y por qué a todas indiscriminadamente? Hagamos las cuentas: según las estadísticas oficiales, solamente el 32% de las andaluzas habrán mantenido relaciones sexuales antes de los 19,1 años (la edad a la que el 50% empieza). Así que probablemente la mayoría de las vacunadas empezarán a tener relaciones sexuales cuando ya no les dure la protección de la vacuna.

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Sobre el Sistema Sanitario en EEUU

Os aconsejo el excelente artículo de Vicente Navarro explicando por qué (o mejor: cómo es así y no de otra manera) la Sanidad en Estados Unidos es tal desastre. Parece increible que este tema tenga tan poco peso en la campaña, siendo tan vital para la ciudadanía. La explicación: ni más ni menos que los grupos de presión, aunque estos parecen no existir para los fans del neoliberalismo que solo ven las excelencias del mercado y las maldades de la intervención estatal (por cierto, ¿no es una ironía que los que reciben su dinero hagan como que no existen?). Los grupos de presión médicos: eso sí que son garras invisibles… para quienes no quieren verlas, claro.