La reforma de la Ley de Dependencia en 2026: ¿revolución o continuismo?

(Artículo en publico.es)

El pasado martes 14 de Julio de 2026, el Congreso de los Diputados/as aprobó la reforma de las leyes de dependencia y discapacidad. El Ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 declaró: «Es la mayor reforma social en nuestro país en lo que va de siglo»… «Supone una revolución y una transformación profunda del sistema público de cuidados y responde a las necesidades tanto de las personas que reciben cuidados como de quienes cuidan».

Es verdad que se han aprobado créditos extraordinarios para aumentar la financiación y que se han mejorado algunos aspectos, como la reducción del tiempo de espera para el reconocimiento de prestaciones o la compatibilidad entre atención a domicilio y centro de día. ¿Pero tanto como revolución? ¿Qué revolución?


El texto del RDL viene acompañado de un informe de impacto de género donde se dan bastantes datos, no por conocidos menos impactantes: «el 93,3% de las personas que trabajan a tiempo parcial por cuidado de menores o dependientes son mujeres». El cuidado sigue siendo femenino y… «es uno de los principales determinantes de las desigualdades en el mercado de trabajo». Lo que trato de discutir en este artículo es la siguiente afirmación en dicho informe: «Desde la perspectiva de igualdad de género, la ampliación de recursos en el sistema de cuidados de larga duración presenta un impacto estructural relevante». Porque, veamos, ¿qué debemos entender por impacto estructural o, dicho en palabras del Ministro, por revolución y transformación profunda?

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Economía feminista: atacar la raiz del patriarcado

El 23 de Abril estuve con las Mujeres Abolicionistas de Rivas hablando de economía feminista. Me encantó compartir este ratito con ellas, y muy especialmente con Adela Recio (ahí conmigo en la mesa).

Esta es la presentación que utilicé Rivas Abolicionistas Abril 2026_def

Y este es el video que grabaron. Una conversación distendida e interesante.

 

 

Errejón y el sexo depredador

Un día descubrimos que Iñigo Errejón es un depredador sexual. ¡Qué decepción! ¡Qué sorpresa! Los medios hablaron intensamente durante semanas de Errejón y de su partido.

Tolerancia cero: después de tantas décadas, o siglos, las feministas tenemos que felicitarnos al ver algunos frutos de nuestra lucha. Qué diferente la reacción de la sociedad española ahora (véase también el caso Rubiales) a la de hace no mucho tiempo. ¿Recordáis cuando Aznar le metió un bolígrafo en el escote a la periodista Marta Nebot? Hubo un escándalo mínimo. Ah, claro, aquello fue una falta de respeto quizás no tan sexual, aunque nunca se lo hubiera hecho a un hombre. ¿Pero dónde está la línea divisoria entre la sexualidad y el poder? Tratar a las mujeres como objetos; esta es la sexualidad depredadora y este es el poder patriarcal.

Mujeres objetos: leamos los deplorables comportamientos de Errejón hacia las mujeres: trato degradante (incluyendo tocarles el culo), demanda de prácticas sexuales humillantes, bloquear a las que no se prestaban a ellas, expulsarlas de casa o del hotel después del acto sexual…. Un momento: ¿no os suena?

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La familia patriarcal: De dónde venimos y dónde estamos

En La Revolución Sexual, publicada en 1930, Wilhelm Reich nos explica:

«En resumen, la función política de la familia es doble:

1.- Se reproduce a sí misma mutilando sexualmente a los individuos; perpetuándose, la familia patriarcal también perpetúa la represión sexual y sus derivados: trastornos sexuales, neurosis, alienaciones mentales, perversiones y crímenes sexuales.

2.- Es el semillero de individuos amedrentados ante la vida y temerosos de la autoridad; así, sin cesar, se perpetúa la posibilidad de que un puñado de dirigentes imponga su voluntad a las masas.

Por eso la familia tiene para el conservador esa significación peculiar de fortaleza del orden social en el cual él cree. Es, por esta misma razón, una de las posiciones más encarnizadamente defendidas por la sexología conservadora. Y es que la familia «garantiza el mantenimiento del Estado y del orden social» – en el sentido reaccionario-. Así pues, el inventario que se refiere a la familia puede servirnos como piedra de toque para el justiprecio de todo tipo de orden social.»

Reich nos dice también que «la institución del matrimonio… [es] la piedra angular de la fábrica de ideología autoritaria: la familia«. La familia patriarcal se ancla en intereses económicos y necesita la sumisión de las mujeres, tanto económica como sexual:

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El feminismo y los permisos igualitarios

El 1 de enero de 2021 se completó el calendario de equiparación a 16 semanas de los permisos por nacimiento para cada persona progenitora, de tal manera que ya son iguales, intransferibles y pagados al 100%. Esta reforma responde a una lógica elemental e inapelable: si queremos que los hombres cuiden igual que las mujeres, debe concedérseles el mismo permiso para hacerlo; y, si queremos que las mujeres estemos en pie de igualdad en el empleo, deben ponerse los medios para que no seamos la mano de obra con mayor riesgo de ausentarse.
Sin embargo, la lógica no suele dar sus frutos por sí sola. ¿Cómo es que ha sido España el país que ha hecho esta reforma, y no otros más adelantados en igualdad de género? 

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Documento – propuesta sistema de cuidados

EL CUARTO PILAR DEL ESTADO DEL BIENESTAR. UNA PROPUESTA PARA CUBRIR NECESIDADES ESENCIALES DE CUIDADO, CREAR EMPLEO Y AVANZAR HACIA LA IGUALDAD DE GÉNERO
Coordinado por VICENÇ NAVARRO y MARÍA PAZOS MORÁN
Investigadores/as: POL CARRIÓN HUGUET; CRISTINA CASTELLANOS SERRANO; ROSA MARÍA MARTÍNEZ; FERRAN MUNTANÉ ISART y MERCEDES SASTRE GARCÍA.
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Contra la doctrina del shock patriarcal

La historia demuestra que solo la movilización feminista puede mantener las conquistas de las mujeres, siempre amenazadas. Y también se cumple en este ámbito la doctrina del shock: las situaciones de emergencia, con la población atomizada y los medios de comunicación des-enfocados, son proclives a la imposición de medidas en contra de la mayoría y a retrocesos en derechos. Este, por sí solo, es un factor de preocupación por el avance del feminismo en este momento.

El confinamiento ha tenido consecuencias terribles para las mujeres. En el empleo, ya ocupaban los puestos de trabajo y los tipos de contrato más precarios en todos los sectores. Además, el sector servicios (femenino) se ha visto más afectado que sectores masculinos como construcción, industria o transporte de mercancías. La economía sumergida (mayormente femenina) está fuera de cualquier medida paliativa. Muchas de las mujeres que fueron animadas por las instituciones a convertirse en autónomas «emprendedoras» están en la ruina.

La división sexual del trabajo no se ha atenuado sino todo lo contrario, lo que era esperable, como también lo era que muchos hombres se hayan lanzado a hacer la compra justamente cuando esa era la única manera de salir de casa (anecdótico, sí, pero significativo).

Todas las señales indican también que han aumentado sustancialmente los abusos sexuales y las demás formas de violencia machista contra mujeres y  niñas. En España, las llamadas al 016 en abril aumentaron en un 60% respecto al mismo mes del año anterior, y podemos imaginarnos que muchas ni siquiera habrán podido llamar.

El teletrabajo con flexibilidad de auto-organización será útil para algunas personas, pero no olvidemos que eso solo es posible en determinados sectores y profesiones. Y no olvidemos tampoco que aumenta la carga y el estrés de las mujeres. Por ello, creo que defender el teletrabajo como medida de conciliación impide abordar el problema general y establecer sistemas efectivos para la mayoría.

Pero vayamos a las medidas económicas y sociales adoptadas desde el gobierno. Por cierto, esas medidas no han venido acompañadas de una consideración de su impacto de género, infringiendo la propia ley de Igualdad. ¿Cuestión de urgencia? Pues hágase ahora sin perder ni un minuto más. A continuación van algunos elementos para esa evaluación, porque aún podemos cambiar de rumbo.

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Consejos para evitar el confinamiento y el colapso

Cada mañana nos despertamos (si hemos dormido) a este arresto domiciliario de toda la población que casi nadie hubiera podido anticipar. Ahora se nos anuncia que nunca recuperaremos la libertad más que de forma provisional y parcial. Se nos augura un segundo gran encierro para dentro de unos meses y se nos dice que tendremos que acostumbrarnos a «una nueva normalidad».

Sigue pendiente el debate sobre si este confinamiento era una medida adecuada, y si era necesario hacerlo tan estricto como en España, o se podría haber optado por la orientación de países como Suecia, tal como se explica aquí. Tendremos que evaluar la relación del pánico generado con el abandono o encierro en condiciones dantescas de muchas personas mayores, esas a las que se trataba de proteger, y con el colapso de las urgencias en los hospitales.

Tendremos que evaluar también las consecuencias del confinamiento sobre los derechos humanos, la violencia de género, los suicidios, los brotes sicóticos y otras enfermedades. Y, por supuesto, sobre la multiplicación del número de personas que no tienen para comer, en nuestro país y en los demás. La pobreza mata, recordemos.

Pero la cuestión ahora es si podríamos prevenir que los confinamientos y el distanciamiento social sean la «nueva normalidad».

Nos enfrentamos a amenazas letales relacionadas entre sí: crisis climática; contaminación del aire, del suelo y de los alimentos; aumento exponencial de las enfermedades; crisis sanitarias, debacle de los servicios públicos; desigualdad social y la pobreza extrema; crisis migratorias y de derechos humanos… Podríamos visualizar un esquema con estos elementos y flechas que los unieran a todos con todos.

No pretendo dejar de hablar del coronavirus, al contrario, porque esta crisis es la cristalización de todas las demás; el callejón sin salida (metafórica y literalmente) al que hemos llegado; el mazazo en la cabeza que se nos ha dado a la humanidad y del que podríamos sacar conclusiones sensatas para abandonar nuestro actual rumbo insensato hacia el colapso.

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Todo para el pueblo

Muy interesante el artículo en publico.es de mi amiga Nancy Rebel:

Todo por el coronavirus. Hasta hace un par de semanas aún se decía que las medidas tomadas por China no podrían reproducirse en países europeos dotados de sistemas democráticos. Pero repentinamente se desplazó la ventana de Overton y ahora la población aplaude casi unánimemente el confinamiento estricto decretado. No solamente se considera irresponsable e insolidario intentar desviarse un milímetro del mandato, sino incluso el mero hecho de mostrar dudas sobre su pertinencia. Esperemos que se respete la libertad de opinión, aunque ya el propio ruido se encargará de acallar cualquier voz discordante, como esta que avanzo.

No se han ofrecido cifras concretas que contradigan la comparación del COVID-19 con una epidemia de gripe, como hizo inicialmente la OMS y siguen haciendo especialistas como Wolfgang Wodarg, ahora denostado y «rectificado» sin ofrecer cifras alternativas a las suyas.

Como explica Juan Gervás en este artículo, «las medidas para la contención de la pandemia se suelen basar en modelos matemáticos, deslumbrantes y simples, pero carentes de la menor fineza«. Los confinamientos se han justificado aludiendo a protocolos y directrices, razones vagas y no explicadas con cifras sino basadas en la repetición de afirmaciones como «es un virus nuevo», «no hay vacuna», «se contagia exponencialmente» y «hay que aplanar la curva».

Cabe recordar que este no es el primer virus nuevo, ni siquiera el primer coronavirus. Pero la sociedad ha cambiado desde que, en 2009, se intentó ir por este camino con la Gripe A, como denunciaron Teresa Forcades o Iñaki Gabilondo (por cierto, citando como autoridad a Wolfgang Wodarg, el epidemiólogo ahora denostado). Es curioso que sus testimonios no hayan sido recordados en esta crisis por ningún medio de comunicación mainstream. Ahora la autoridad moral de la OMS es ya incontestable. Ha triunfado la idea de que la salud se nos asegura, única e infaliblemente, a base de medicamentos y vacunas cuyos efectos secundarios se minimizan. ¿Estas medidas ahora experimentadas se convertirán en usuales ante próximas y más que probables situaciones similares, que ya se anuncian?

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Soy feminista y exijo la liberación de Julian Assange

Las feministas hemos caído en una trampa de la que es preciso salir. El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, se está pudriendo en una cárcel de alta seguridad británica desde abril de 2019, pero su destino puede empeorar sustancialmente. Estos días está celebrándose el juicio para su extradición a EEUU, donde se enfrentaría a 175 años de prisión por «revelación de secretos». Según los informes médicos, su salud está muy deteriorada y su vida corre peligro si no recibe asistencia ahora, mucho más con el trato que le esperaría en EEUU.

El «delito» de Assange ha sido informarnos de los desmanes del gobierno americano. Esta es, hasta ahora, una práctica periodística protegida por el derecho internacional. Por esa razón, el caso Assange es el de la libertad de prensa. Después de 10 años de manipulación y posterior silencio por parte de los principales medios de comunicación, el relator especial de la ONU para casos de tortura, dictamina: «Julian Assange destapó la tortura, él mismo ha sido torturado y podría ser torturado hasta morir en Estados Unidos«.

En esta entrevista le preguntan al relator de la ONU por qué no asumió antes este caso. Él contesta explicando cómo, en el momento en el que Assange estaba en la cima de la popularidad por haber destapado tantos casos de corrupción, se emprendió una estrategia de desprestigio que consiguió desviar el foco hacia su persona. Y declara: «Yo también perdí mi enfoque, a pesar de mi experiencia profesional, que debería haberme hecho estar más alerta«. A muchas feministas también nos hicieron perder el enfoque, y creo que este es el lado más perverso del caso.

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