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Queridos Hombres feministas

(Publicado en revista NHU Lavapies – Latina – Embajadores Octubre, 2026)

En 2026, en  España, hasta el 21 de septiembre van 70 asesinatos de mujeres por parte de hombres (tres en la última semana). 38 de ellas han sido asesinadas por sus parejas o exparejas; el resto son feminicidios familiares (por un hijo, por un padre, etc.) y otros. En la web feminicidio.net están clasificados y documentados cada uno de los casos.

Nos ha costado mucho sacar a la luz estos asesinatos. Durante mucho tiempo se calificaban de crímenes pasionales. Luego se denominó  «violencia doméstica», un término que no significa realmente nada.  La realidad es que hay un goteo constante de hombres que matan a mujeres de su entorno. Las feministas lo llamamos violencia machista o feminicidio. Desde 2003 se elabora una estadística oficial, aunque solamente se registran los casos en que el asesino es la pareja o ex-pareja de la víctima.

A los que habéis leído estos dos primeros párrafos y pensáis seguir leyendo: gracias. Durante muchos, muchos años, hemos sido casi solamente mujeres quienes cada 25 de Noviembre nos concentrábamos  en la Puerta del Sol. Hacia 2017 se levantó una ola feminista y durante varios años las manifestaciones fueron masivas, con mucha participación de hombres. Pero ya volvemos a ser solamente unas pocas mujeres quienes seguimos denunciando la violencia machista y otras muchas injusticias contra las mujeres; quienes en definitiva seguimos trabajando por una sociedad en igualdad.

En el número del pasado enero de este periódico escribí un artículo en el que pretendía rebatir esa frase que se repite cada vez que avanza una ola feminista: «las feministas han llegado demasiado lejos». ¿Qué significa? Lo cierto es que nos hemos quedado bastante lejos de llegar a la igualdad: respecto a los hombres, en términos estadísticos, las mujeres seguimos trabajando algunas horas menos en el empleo y muchas más horas en el hogar; y seguimos cobrando mucho menos, a pesar de que nuestro nivel académico es mayor. La violencia, ya veis, continúa. Etc., etc.

A los que habéis leído hasta aquí: gracias, porque ahora tenemos que hablar de la queja contra «ese feminismo que hace que muchos hombres se sientan criminalizados por el hecho de ser hombres».  Esto no tiene parangón en ningún otro fenómeno de discriminación.

Por ejemplo, cuando decimos que el racismo consiste en que los blancos dominan sobre los negros, no estamos criminalizando a los blancos por el hecho de ser blancos; hablamos de un fenómeno social. Y sí, hablamos de que los blancos tienen privilegios sobre los negros.

Yo soy española y no me siento señalada personalmente cuando oigo que los españoles discriminamos a los inmigrantes. Al contrario, lo reconozco y me solidarizo. Reconozco también que yo  misma habré tenido comportamientos inadecuados a pesar de que soy antirracista. Pero es que lo tenemos automatizado, basta con reconocerlo y seguir aprendiendo.

Los hombres feministas comprendéis que el patriarcado es un sistema social de dominación de los hombres sobre las mujeres.  Protestáis con nosotras. Comprendéis que estemos cansadas de que seáis tan pocos. Comprendéis que os pidamos que nos escuchéis, que cambiéis ciertos comportamientos aprendidos y automatizados, que no les riais las gracias a los que denigran a las mujeres.

Los hombres feministas comprendéis que una mujer sola por la calle tenga miedo cuando ve aproximarse a un hombre. En lugar de sentiros ofendidos por ello, hacéis lo posible para que esa mujer se sienta segura; os alejáis aunque eso os ralentice.

Los hombres feministas comprendéis que muchas mujeres se muestren enfadadas. Una proporción importante ha sufrido abusos, acosos, violencias, discriminaciones. La violencia genera violencia; y sin embargo el feminismo es un movimiento de liberación que no se manifiesta violentamente.

Las feministas comprendemos  que es difícil para un hombre reconocer que pertenece al colectivo dominante. También comprendemos que muchas mujeres no quieran sentirse parte de un colectivo dominado. Pero creo que nos iría mucho mejor tratando de comprender estos fenómenos, ayudándonos a cambiar personalmente y trabajando conjuntamente para cambiar la sociedad.

Yo comprendo que muchos hombres de buena voluntad se sientan inseguros y que tengan miedo al cambio. Comprendo incluso que no se den cuenta de que tienen privilegios respecto a las mujeres. Pero la culpa de todo esto no la tiene el feminismo sino el patriarcado.

A los que habéis llegado hasta aquí: gracias, ¡hasta la victoria siempre!

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