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8,7 millones para las las mujeres. ¿Mucho o poco?

La noticia: El Gobierno destina 8,7 millones de euros a promover el acceso de las mujeres a la Sociedad de la Información.

¿Mucho o poco?  Depende. Si esto fuera además de eliminar las barreras actuales, diríamos ¡qué bien!. Pero no lo es. Las barreras empiezan desde la infancia, cuando a las niñas se les pone a jugar con muñecas y con cocinitas mientras sus hermanitos juegan con juguetes tecnológicos (¿no se podrían hacer campañas como las de la DGT, en este caso para informar a la población y cambiar este comportamiento discriminatorio?). Continúan en el sistema educativo, cuando se siguen potenciando distintos juegos y actividades, y cuando se orienta a las niñas a profesiones ‘femeninas’ (¿no podría el Ministerio de Educación formar al profesorado y a la Inspección, así como dictar las normas pertinentes para asegurar que esto cambia?). Siguen con el efecto de la moda y los medios de comunicación tanto privados como públicos, que se dedican a meter serrín en la cabeza a las niñas (¿no podría el Estado dejar de subvencionar a las empresas responsables de esas prácticas nocivas?)

… Y sobre todo este sustrato, ya bien aderezado, cae el lastre de la etiqueta que llevan las mujeres cuando aterrizan en el mercado de trabajo. Por mucho que las chicas se hayan hurtado a todos los estímulos nocivos y quieran ser muy tecnológicas, se encuentran con el problema de la discriminación estadística: aunque no quieran ser madres, los empresarios piensan con razón que el ‘peligro’ existe. Así que no les colocan en puestos tecnológicos porque, aparte de los prejuicios machistas que tengan, la tecnología exige alta formación continua y no permite descuelgues de varios años, que es lo que en este sistema se exige a las madres (¿no podría el Estado cambiar su enfoque de la ‘conciliación’, empezando por establecer permisos iguales e intransferibles como propone la PPIINA?)

… Y si deciden ser madres ya sí que se caen con todo el equipo, porque tal y como están las cosas no se pueden mantener en los empleos tecnológicos, porque los empleos tecnológicos no son de media jornada generalmente, porque las madres tampoco tienen ocio para jugar a ser frikis, porque….

Las mujeres han asaltado las profesiones masculinas a pesar de la orientación contraria, pero no eligen ingenierías porque saben que: 1) les va a resultar dificilísimo encontrar empleo en el sector, y si lo encuentran su vida de trabajo va a ser complicada; y 2) porque generalmente esos puestos están en el sector privado y exigen jornadas largas, o sea son incompatibles con la maternidad en esta sociedad. Sí eligen derecho, medicina, matemáticas, en fin, profesiones liberales y más compatibles con el sector público, o sea más fáciles para lo que se llama la ‘conciliación’.

Aparte de todo esto está la distribución del presupuesto específico dedicado al fomento de las nuevas tecnologías, que es bastante más de 8,7 millones, y cómo incide en hombres y mujeres. ¿Se reparte bien?

Así que la intención se agradece, pero pretender arreglar todo el desaguisado con 8,7 millones es un poco de risa, ¿no creéis?

Lo bueno es que el debate está abierto y quizás se acerque la hora de abordar el problema en toda su amplitud. ¡Así sea!

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Comentario

  1. Los hombres hemos hecho «masculina» la tecnología entre otras cosas porque así mantenemos un ámbito libre de los aspectos más emocionales que reporta el contacto con «lo femenino». Así, cuando los hombres nos refugiamos en lo técnico, se producen dos efectos: uno, tranquilizador para los hombres; otro, empobrecedor. El friki al que te refieres en el artículo es un friki completamente tranquilo y completamente empobrecido.
    Saludos!